
Yannick Jochum, promoción 2000, Abitur 2002, trabaja como docente de educación política en el Centro de Formación de Bad Oeynhausen. En esta entrevista nos brinda una visión de su trayectoria profesional y comparte sus experiencias en el ámbito de la educación política.
¿Cómo fue tu camino hasta convertirte en docente de educación política?
“La verdad es que al principio no era mi plan convertirme en docente. Mi verdadera pasión era el periodismo. Después de estudiar Periodismo y Ciencias Políticas en la Universidad de Leipzig, quería regresar a Sudamérica como corresponsal. Un hito importante fue mi formación práctica en la Deutsche Welle en 2008/2009, donde aprendí mucho sobre periodismo radial y televisivo. Sin embargo, fuertes recortes presupuestarios hicieron imposible una contratación fija.
No me dejé desanimar y en 2013 regresé por mi cuenta al Perú, donde trabajé como periodista independiente y guía turístico. Guié grupos por Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil, una etapa que disfruté muchísimo. Tras una capacitación como entrenador intercultural y después de regresar a Alemania en 2017, terminé entrando al ámbito de la educación política.
Durante la pandemia de COVID-19 aprendí a valorar mucho la estabilidad del trabajo docente, aunque siempre sigo abierto a nuevos proyectos.”
¿En qué consiste exactamente tu trabajo en el Centro de Formación de Bad Oeynhausen?
“Antes era una escuela de servicio civil; hoy ofrecemos seminarios para personas que realizan el Servicio Federal Voluntario (BFD). Quienes realizan doce meses de servicio voluntario participan en cinco seminarios de una semana cada uno en el centro de formación, donde se alojan y reciben alimentación completa.
Los seminarios abarcan desde actividades de trabajo en equipo al inicio hasta espacios de reflexión al final del año de voluntariado. Mi tema favorito es la competencia intercultural: intento transmitir que muchas veces no existe un ‘correcto’ o ‘incorrecto’, sino simplemente diferentes normas culturales.
En la educación política dejamos atrás la enseñanza escolar clásica: discutimos temas urgentes como la pobreza en Alemania, la diversidad en la sociedad o la pregunta de cómo podemos participar activamente en la construcción de nuestra democracia.”
¿Con qué desafíos te enfrentas en tu trabajo diario?
“El mayor desafío es la enorme heterogeneidad de los grupos. En mis seminarios participan jóvenes de 16 años recién salidos del colegio junto con personas de 23 años que ya han terminado una formación profesional o incluso estudios universitarios.
El gran ‘equilibrio pedagógico’ diario consiste en diseñar el seminario de tal manera que nadie se aburra y nadie se sienta sobrepasado. Mi objetivo es que al final todos, independientemente de su origen, sientan que su voz cuenta en nuestra sociedad.”
¿Por qué consideras que la educación política es especialmente importante hoy en día?
“En todo el mundo —tanto en Alemania y Perú como en Estados Unidos y muchos otros países— estamos viviendo un aumento de tendencias antidemocráticas y una creciente desconfianza hacia las instituciones estatales.
La educación política debe mostrar por qué nuestra democracia, a pesar de sus defectos, merece ser protegida. Una convivencia sana también significa ser capaces de aceptar que otras personas piensen diferente. La democracia no es un estado permanente, sino un proceso en el que todos debemos trabajar constantemente.”
¿Qué consejo les darías a los jóvenes interesados en la política?
“No se dejen arrastrar por el ambiente negativo. La democracia ocurre todos los días justo frente a nuestra puerta: en el compromiso local, en ayudar a los vecinos o en defenderse frente a las injusticias.
Regar un árbol en la calle puede ser una señal de acción democrática tan válida como participar en una manifestación. Infórmense bien, mantengan una actitud crítica y nunca pierdan la fe en que pueden contribuir a construir su sociedad.
Pregúntense de vez en cuando: ‘¿Qué pasaría si ya no tuviéramos estas libertades?’”
¿Cómo ves tu desarrollo profesional en los próximos años?
“Quiero seguir siendo parte del centro de formación, pero también dejar espacio para otros proyectos. Ya sea en consultoría empresarial o quizá nuevamente como guía turístico, sigo abierto a nuevas posibilidades.
Tal vez esa flexibilidad también la adquirí durante mi tiempo en el Colegio Humboldt: uno no tiene que limitarse a un solo camino, sino que siempre puede abrir nuevas puertas.”