Pilar León

Una mujer muy pequeña, pero con mucha presencia

Pilar León

Empecé los años de Abitur a regañadientes. Mis padres me chantajearon: si estudiaba los dos años del Bachillerato Alemán me apoyarían con mi deseo de ser artista. Mi ansiedad por estudiar artes plásticas había empezado desde III de secundaria en las clases de Kunst con Herr Arheid. Hoy, agradezco ese chantaje, porque además de haber facilitado enormemente mi ingreso a la Universität der Künste de Berlín, resultaron siendo dos años de mucho aprendizaje. Mi curso preferido fue el de Frau León. Por un lado, porque en general los idiomas se me hacían más fáciles que las ciencias; pero, sobre todo, porque ella logró impactarme: una mujer muy pequeña, pero que entraba a la clase con mucha presencia. Logró captar mi atención pura, cosa que es muy difícil de lograr en una chica de 18 años - inquieta y elevada. Esperaba sus clases con curiosidad. Curiosidad por saber qué interpretación le encontraba al capítulo del libro que nos mandó leer, del cual yo no había logrado sacar mayor sentido.

La clase de Frau León pasaba muy rápido, nos transportábamos a mundos imaginarios del lenguaje. Se creaba una atmósfera muy especial. Una vez en particular, nuestro Klassenlehrer - algo tosco en mi percepción y sin el aire de elegancia que caracterizaba a Frau León - interrumpió nuestra clase de forma abrupta. Estaba exaltado por algún tema de un Klassenausflug y vino a llamarnos la atención. Para mí fue como si me sacaran de mi zen y del mundo literario en el que estábamos totalmente inmersos. Mi malestar fue tan grande, que interrumpí el regaño del profesor para decirle que no podía entrar así como así a la clase, que era una falta de respeto. Logré con mi llamada de atención hacerle ver su falta y salió de la clase disculpándose. Pero, al segundo, volvió a interrumpir de nuevo la clase para decirme que no le podía yo hablar así. Fue un altercado que recuerdo ahora con una sonrisa y se los cuento, porque es la forma que encuentro para explicarles la magia y pasiones que despertaban en mí las clases de Frau León.

Con ella aprendí a leer entre líneas, capté el poder de las metáforas, sobre el sentido connotativo, sobre la potencia de la literatura latinoamericana. Fue ella la que me despertó el interés por la lectura. Muchas veces pienso y daría todo por saber sus notas y comentarios sobre el libro que esté leyendo. Desde que me propuse escribir un artículo sobre la Frau León, he estado haciendo un ejercicio de memoria - ¡han pasado 16 años! La mente me traiciona y quisiera recordar más. Por eso se me ocurrió, para hacer esta nota más interesante, invitar a Alexandra Miedl a recordar conmigo. Juntas tuvimos que hacer un trabajo sobre Pedro Páramo de Juan Rulfo.

¡Y claro que acepte la invitación! Lamentablemente no podemos recordar juntas, sentadas como lo hacíamos durante el Abitur, en el jardín de la Familia Hock en Barranco o en el cuarto de Adriana lleno de pareos y cuadros colgados en las paredes. Pienso que exactamente estas dos palabras “realismo” y “magia” describen a nuestra Frau León a pelo. Real, porque la recuerdo como una profesora exigente, consecuente y directa pero a la vez con la empatía a flor de piel, la magia, muy divertida, capaz de motivar a adolescentes por la literatura latinoamericana y mostrarnos que cada libro puede ser interpretado por cada persona de diferente manera, pero que el objetivo de leer entre líneas es el mismo: transportarte a otra realidad.

Y fue así que nunca llegamos a concordar con la interpretación de la última escena de “El amor en los tiempos del cólera”. Para mí - en ese entonces - fue algo super romántico imaginar a Florentino Ariza y Fermina Daza abrazados después de tantos años en medio del Magdalena. El comentario de Frau León al respecto fue: “¡Alexandra, qué de romántico hay en esa escena! ¡Dos viejos agotados, en medio del río, enfermos y a punto de morir, es una pérdida de tiempo!” En ese momento su interpretación me pareció bastante dura, pero ahora, 16 años más tarde, me parece tan acertada. Así es nuestra Frau León: a la realidad hay que verla como es: para cada episodio de vida hay un buen momento.

También tuvimos la suerte de conocer a Frau León fuera de clase cuando nos acompañó a un Klassenausflug a Tarma. Como teníamos dos profesores titulares hombres, faltaba una acompañante mujer y no dudamos en pedirle a Frau León que nos acompañara. Los temas de conversación durante el Klassenausflug se volcaron más íntimos. Éramos adolescentes y cada uno tenía algún conflicto emocional, ya sea en casa, con el enamorado o con algún compañero de clase. Frau León se sentaba con nosotras, a darnos consejos sabios y empáticos de cómo poder lidiar con la magia emocional de ser adolescente. Y sus consejos siempre vinieron con dos pies firmes, para tocar el piso y ponerle realidad al asunto.